Por la afirmación de una nueva Argentina con base en Dios, Patria, orden, trabajo y justicia social

jueves, 3 de octubre de 2024

Hace 5 años Jorge Rulli hablaba del "Modelo de Agronegocios" columna con incólume vigencia.



 En los años 90, y aconsejado por Mario Hirsch, estrella ejecutiva de Bunge y Born, Menem y el peronismo menemista impusieron el modelo de los AGRONEGOCIOS. Pasamos del paradigma de la calidad, al paradigma de la cantidad. Dejamos paulatinamente de producir barcos, vagones y vehículos de todo tipo, a producir una infinidad  de artículos agroalimentarios con que llenar las góndolas. 

Nos convertimos en un país rentístico productor de soja transgénica, y aliviamos el desempleo masivo que fue su consecuencia con crecientes planes asistenciales. Del menemismo pasamos al duhaldismo y del dualdismo al kirchnerismo, pero el MODELO, persistió y se profundizó. Cristina le añadió el feedlot, o sea la producción de carne con engorde en corrales, y Mauricio no sólo persistió en el mismo modelo, sino que hasta compartió el mismo ministro de Ciencia y Biotecnología, Lino Barañao. Con este MODELO, el Peronismo devino manipulador de la pobreza, y hábil constructor de conurbanos de miseria. 

Olvidó el proyecto nacional y la Carta ambiental, y aceptó las nuevas reglas de la globalización. Estas reglas fueron: la agricultura industrial y la exportación masiva de soja GM(geneticamente modificada), Pero a la sojización compulsiva correspondió la conurbanización forzada de poblaciones y por lo tanto enormes espacios territoriales vacíos y sin control del Estado. Es importante comprender que la soja no es solamente una planta, sino un SISTEMA. Desde los 90, en ese sistema se impuso la televisión basura y la comida chatarra, la conurbanización forzada y la miseria moral. 

La soja no solo aumenta los índices de osteoporosis, sino algo peor, aumenta la pérdida de la autoestima y sobre todo aumenta la disposición a obedecer y la servidumbre social. Hoy la soja está presente en todo lo que comemos, y la sociedad, no solamente es asimètrica e injusta en lo social, sino que es también, la sociedad del simulacro, de la desesperanza, del desarraigo y de la desolación. Al simulacro se lo acompañó con relatos a los que aportó una intelectualidad venal y fueron muchos los que reemplazaron la Carta Ambiental de Perón por los discursos de Gustavo Grobocopatel. Cuando se dice que la Argentina alimenta a 400 millones de personas, no solo se está faltando a la verdad, sino que se está respaldando ese modelo injusto, colonial y rentístico que es EL SISTEMA DE LA SOJA. Cuando se dice que la Argentina alimenta a 400 millones de personas, se están legitimando los más de 30 millones de hectáreas de monocultivos y también los conurbanos de indigencia donde el poroto de soja o sus harinas son parte de la ingesta con que sobrevive la pobreza extrema, la llamada "comida chatarra". Cuando se dice que la Argentina alimenta a 400 millones de personas, se legiitima que la soja es comida de seres humanos, cuando no lo es, ni lo ha sido nunca. El queso de los asiáticos, llamado Tofu, es una excepción, y de un uso mínimo. Requiere fermentaciones sumamente prolongadas, para que se puedan desactivar los efectos negativos de la soja. No es el caso de la Argentina, donde se le dio directamente porotos de soja a los niños, en los comedores para pobres, hasta que niños y niñas sufrieron evidentes distorsiones de origen hormonal que afectaban su normal crecimiento y desarrollo. Estos crímenes, fueron "soslayados", por la dirigencia política después de la crisis del 2001, pero la ingesta de comida "chatarra", persiste hasta nuestros días. A lo largo de los ultimos 25 años, junto al ingeniero Adolfo Boy, y el GRR (grupo de reflexion rural) salimos al cruce de innumerables pelópidas notatbles, que repetían las tonteras que sembrara alguna vez Grobocopatel, respecto a que ¿"cómo podía haber hambre en un país, que producía comida para 400 millones de personas".?..Nunca fue cierto, en todo caso, producimos comida para 400 millones de cerdos chinos, que no es lo mismo. Lo rebatimos al premio Nobel de la paz, lo rebatimos a Juan Car, lo rebatimos al pollo Sobrero, y últimamente a ciertos dirigentes de la CTEP, que persisten en creer que el problema es de distribución, desconocen y se permiten ignorar, todavía , después de 25 años el MODELO DE LOS AGRONEGOCIOS. Ahora es nada menos que el candidato a presidente, y probable ganador de las próximas elecciones el pelópidas que repite semejante "estúpido axioma".Si este tema no se comprende , hay solo una cosa cierta, habremos de seguir de mal en peor y continuaremos con la semicolonialidad y con la actual  disolución de la Argentina. //Jorge Rulli, 3 de octubre de 2019.

martes, 2 de enero de 2024

Hace 68 años Perón le escribía estas líneas a Jorge Antonio.

 



Carta a Jorge Antonio 2 de enero de 1956. 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Colón, 2 de enero de 1956.


Al Sr. Jorge Antonio Buenos A ires


Mi querido amigo:


Desde que nos separamos en la Residencia el día 19 de septiembre he pensado en el error que cometió al no salir conmigo ese día. He sufrido con Usted los vejámenes de esos miserables que en toda su vida no hicieron por el país lo que Usted hizo en un día.


En cuanto lo pongan en libertad salga de allí. Esa es gente sin conciencia y sin escrúpulos. No se quede, escuche esta vez. Si le es posible véngase por aquí que tenemos mucho que hablar sobre el futuro. Creo que ahora más que nunca es necesario accionar inteligentemente. Los hemos de doblegar y entonces será para siempre. Las empresas se pueden reconstruir, Usted no. Entre Usted y yo podemos levantar el mundo contra esta canalla. Tenga fe en el Pueblo, allí están los valores. Con ellos los aplastaremos. Es cuestión de tiempo; Usted es joven y yo creo que todavía les voy a dar mucho trabajo.


Yo hablé aquí con el Doctor Mayoral. El le hablará a Usted en cuanto llegue a Buenos Aires. Esté seguro que esto no va a durar mucho; se está accionando con energía y espero que dentro de poco se aumente esa decisión y esa energía. Con lo recibido yo duplicaré la acción; era precisamente lo que me faltaba.


Muchas gracias por su recuerdo. Recibí a su amigo de Montevideo que me trajo todo. Espero ahora emplear bien ese todo.


En cuanto salga hable enseguida con el amigo Raúl Lagomarsino (el de los sombreros) que le informará de todo.


Yo estaré en Panamá mientras sea conveniente y cuando convenga acercarme iré a Brasil o a Chile, lo que sea mejor. En caso de cambiar de opinión le haré saber oportunamente.


Mi contacto en Chile: María de la Cruz; en Brasil, el Doctor Gerardo Rocha; en Paraguay, Ricardo Gayol; en los demás países en caso necesario le indicaré. Hay contacto en todos. Cualquiera de ellos se conecta en el día conmigo.


Espero verlo pronto aquí o allí, donde sea posible. Ya llegará la hora. Cometí un gran error: creer que se podía hacer una revolución social incruenta. La próxima dejaré pálidos a los comunistas. La oligarquía debe desaparecer y desaparecerá a corto o a largo plazo. Recién hemos empezado. Después de esta depuración y purificación la cosa irá en serio y, entonces, que se ajusten los pantalones.


Un gran abrazo y que 1956 nos sea más propicio.


Firmado: Juan D. Perón.


miércoles, 5 de julio de 2023

Hace 53 años Perón le escribía al Coronel Julio Socrates Fernandez.

 



Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 5 de julio de 1970


Al Cnel. Julio Sócrates Fernández


Buenos Aires


Estimado Coronel:


Por mano y amabilidad del amigo Leopoldo Frenkel he recibido su carta del 30 de junio próximo pasado y a pesar deli premura del tiempo no he querido que regrese sin que lleve a contestación siquiera sea lacónica.


Comenzaré por adjuntarle la "DECLARACION DEL COMANDO SUPERIOR PERONISTA" que, en síntesis brevísima, contiene lo que pensamos con respecto a la situación comentada. No se nos escapa, como allí decimos, que la Patria vive días de grave amenaza sin que, por lo que deducimos, se llegue a entrever alguna esperanza. Tal como van las cosas, presuponemos nuevas maniobras destinadas a nuevos fracasos porque, cuando se viven circunstancias como las actuales, más que el Gobierno, cuentan los hombres que han de componerlo y, por lo que se ve, pocas ilusiones pueden hacerse los que anhelan soluciones salidoras para la Nación y para el Pueblo.


Tal como ha venido evolucionando la situación del país en los últimos quince años el dilema que se presenta es ya de una rigidez insoslayable: o se procede con grandeza y desprendimiento o se expone al país a muy graves consecuencias, pues no es un secreto para nadie el repudio generalizado hacia la dictadura militar, como también que grandes sectores de la comunidad preparan una violencia con qué responder a la de la represión gubernamental. Así suelen comenzar todas las guerras civiles.


Por otra parte, creo que en los últimos quince años se ha demostrado en forma sumamente elocuente que, en la Argentina, nadie podrá gobernar sin el concurso organizado del Pueblo y la dictadura militar ha perdido ya toda posibilidad de alcanzar tal concurso porque, ese mismo Pueblo, está decidido a ser dueño de su propio destino y anhela tomarlo en sus manos. Por eso, hay una sola solución: normalizar institucionalmente y con premura la situación general del país, sin intentos de trampas ni "triquiñuelas" infantiles como las que se ha pretendido utilizar hasta ahora para burlar la decisión popular.


El discurso presidencial en el acto de asunción del mando no se ha caracterizado precisamente por su claridad respecto al futuro. Ni siquiera se puede deducir de él una explicación aceptable que justifique el desplazamiento del anterior. En los aspectos fundamentales, en lo que hace a lo económico y político no puede inferirse más que el mantenimiento de la inspiración de Krieger Vasena con tímidas promesas desarrollistas y un confuso compromiso de salida constitucional. En la opinión popular, el nuevo "gobierno" no es más que títere en manos de los jefes militares con el agravante de su procedencia foránea.


Para nosotros, a pesar de la aparente coyuntura favorable, las viejas camarillas de los partidos tradicionales no se muestran excesivamente exigentes con la vuelta al camino electoral; desde ya que ésto no es índice de madurez, más bien lo explica la falta de adecuación de sus viejas postulaciones a las nuevas necesidades. Limitados por la estrechez de miras de sus doctrinas, desenmascarados por su complicidad durante tantos años con las dictaduras de turno, carecen de perspectiva y de la necesaria libertad de acción, lo que los condiciona a la iniciativa de la acción militar. Pobre el Gobierno si cae en la tentación de repetir por eso anteriores errores.


Sería demasiado largo extendernos en la exégesis de las numerosas circunstancias que configuran la aparente tentación de volver al insidioso camino del fracaso pero, nosotros no encontramos en todo este proceso, nada que nos haga pensar en lo contrario. Por eso preferimos esperar a los hechos y hasta tanto ellos comiencen a producirse, mantenernos en la misma situación y en la misma lucha. Es demasiado grande la responsabilidad que nos atribuimos como para no usar la mayor prudencia en los medios de defenderla.


No creo que haya nada más simple que las soluciones que se presentan, si se tiene la grandeza y la buena fe que se necesita para encararlas y realizarlas. Pero, como opinamos nosotros, todo ha de comenzar con la solución política ya que el problema fundamental del país es de este carácter. Lo económico y lo social dependen de él porque en este campo, como en el estratégico, los éxitos tácticos se anulan cuando se procede en una situación estratégica falsa.


O se procede dentro de la Constitución Nacional (buena o mala que tenemos) y se devuelve al Pueblo lo que es del Pueblo o se estará trabajando para llegar a la guerra civil, que suele ser el peor azote para una Nación. La responsabilidad de las Fuerzas Armadas es en esta ocasión demasiado grave como para que no se pongan a pensar en semejantes consecuencias. No son los pocos generales interesados en un intento los que deben decidir, sino todos los miembros de las Instituciones que cargarán con esa responsabilidad. Colocadas las Fuerzas Armadas en situación irreversible frente al Pueblo, uno de los dos ha de desaparecer y no creo que eso pueda lograrse con un Pueblo.


Creo haberle dado a grandes rasgos mi opinión con respecto a la situación que le interesa. He conversado largamente con el amigo antes citado y él podrá explicarle de viva voz, cuánto sería demasiado largo para hacerlo en esta carta. Dios quiera que la sabiduría y la prudencia necesarias iluminen a los que tengan que decidir.


Afectuosamente.


Firmado: Juan Perón.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Hace 49 años Perón anunciaba el Plan Trienal

 DISCURSO DESDE CASA DE GOBIERNO ANUNCIANDO LA PUESTA EN MARCHA DEL PLAN TRIENAL DE GOBIERNO 1974-1977 Juan Domingo Perón [21 de Diciembre de 1973]





Señores: El presente Plan Trienal de Gobierno 1974/1977 no se limita a lo que habitualmente se conoce como un “plan de desarrollo”. No podríamos incurrir en el pecado desarrollista de lograr récords que se agotan en sí mismos, sino que anhelamos lograr la plenitud de la evolución social y espiritual de la Nación. 

En primer lugar, porque sólo un “plan general de Gobierno” estará en condiciones de proyectar toda la riqueza conceptual contenida en una doctrina nacional, concediendo a cada sector de la sociedad real un tratamiento integral y fijando una adecuada relación con los fines de esa sociedad, que tienen un contenido mucho más amplio que los meramente domésticos. Por eso, en el Plan elaborado se contempla la participación de las restantes áreas que completan el panorama general del país y de sus diversas actividades.

Como todo no podré contar en una sola disertación, que resultaría demasiado extensa, he preferido referirme hoy sólo a su contenido general y preferentemente al aspecto económico, para ocuparme en otra oportunidad de los demás aspectos del Plan.

LOS TRES CAMINOS

Hace casi treinta años, cuando por la decisión del Pueblo asumí por primera vez la Presidencia de la Nación, encontramos en el Gobierno una situación similar, en muchos aspectos, a la realidad que enfrentó el 25 de mayo de este año el Movimiento Nacional Justicialista, que también por la decisión del pueblo volvió a hacerse cargo de la conducción del país.

Era casi total la ausencia de estructuras aptas dentro de la organización del Estado, capaces de permitir que la conducción pudiera realizarse en condiciones de aptitud y con las técnicas modernas que reclamaba un mundo en acelerada evolución y en las que el Pueblo fuera participe activo en la toma de decisiones.

Las fuerzas naturales de la organización, que en los pueblos se estructuran en torno a sus actividades fundamentales y los factores de poder, no se habían concentrado en nuestro pueblo, sino alrededor de círculos de intereses sin contenido nacional.

En aquel entonces, enfrentamos tres alternativas para iniciar la acción del Gobierno Justicialista.

La primera, era mantener la estructura inorgánica existente, que ya era crónica, en el manejo de los grandes intereses del Estado, lo que implicaba mantener el sometimiento a los imperialismos y dejar al país sirviendo exclusivamente las apetencias de pequeños grupos de poder, divorciados absolutamente del Pueblo.

También se presentaba la posibilidad de establecer las pautas que condujeran a una planificación racional, lo que significaría dejar transcurrir todo el período de mi Gobierno en la elaboración teórica, mientras el país hubiera continuado sometido a la dependencia y sumergido en el estancamiento.

Por eso adopté, sin vacilar, una tercera posibilidad, que fue la de organizar de inmediato el Estado para convertirlo en instrumento apropiado para la ejecución de un Plan de Gobierno que, simultáneamente, comenzamos a elaborar y, al mismo tiempo, le dábamos implementación con las medidas concretas que no admitían, a nuestro juicio, un minuto de postergación.

Si realmente queríamos comenzar la transformación profunda de esa Argentina inorgánica, carente de contenido social y sujeta a la voluntad y a los designios de minorías que sólo representaban a los intereses económicos no nacionales, el camino que elegimos era el único posible y el único, además, que respondía a la decisión del pueblo que nos había llevado al poder.

LAS PRIMERAS MEDIDAS

La historia juzgará el acierto de aquella decisión. Pero el destino ha querido que muchos años después, exactamente el 25 de mayo de 1973, cuando nuestro Movimiento vuelve al Gobierno, totalmente despojado de resentimientos, a pesar de los largos y duros años de proscripciones y persecuciones, volvimos a encontrar un cuadro singularmente parecido a aquel que enfrentamos en el primer Gobierno Justicialista.

En el mensaje que dirigí al Pueblo argentino, 24 horas después de mi regreso definitivo a la Patria, señalé con precisión cuál era la situación en que el país se encontraba, y convocamos a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que todos, solidariamente, nos pusiéramos en la perentoria tarea de la Reconstrucción Nacional, sin la cual estaríamos perdidos como individuos y como Nación.

No podíamos iniciar el proceso de la Reconstrucción Nacional si, previamente, no adoptábamos las medidas necesarias para comenzar a devolver al pueblo algo de lo mucho que fue perdiendo a lo largo de los últimos lustros. Para el Justicialismo, el único destinatario del progreso es el hombre, y hacia él deben converger toda la acción y los esfuerzos del Gobierno y de la Comunidad Organizada.

Por eso, en la primera semana de gestión y para frenar el deterioro que padecía el nivel de vida de los trabajadores, cortando de raíz el crecimiento descontrolado de la inflación, se fijaron precios máximos para la mayoría de los productos de abastecimiento familiar.

EL ACTA DE COMPROMISO NACIONAL

Entendió el Gobierno que, simultáneamente, debían sentarse los fundamentos de transformación de la Argentina sobre la base de la participación concertada de los tres pilares que habrían de sostener el proceso de Reconstrucción Nacional: los trabajadores organizados, el empresariado nacional y el Estado.

Esta decisión fue instrumentada en el Acta de Compromiso Nacional, en la que se determinaron grandes objetivos sociales que guiarían la acción del Gobierno y que serían el puntal de la tarea tendiente a devolver a los trabajadores la participación que habían alcanzado años atrás en el ingreso nacional, comenzando por eliminar el gravísimo y creciente problema de la desocupación y el subempleo y poniendo en marcha los mecanismos para el crecimiento acelerado de las regiones del país.

Lo más importante de la concertación fue la armonización de todas las acciones que, de ese momento en adelante, los tres sectores que suscribieron el Acta se comprometían a realizar en conjunto, para asegurar a la Argentina el futuro de grandeza que todos ambicionamos.

Ahora, como tres décadas atrás, optamos por el camino de hacer, mientras avanzamos en la planificación; porque el tiempo para las discusiones teóricas ya se ha terminado en el país.

PRECIOS Y SALARIOS

Por ello, nuestro primer objetivo fue terminar con el socavamiento del salario real mediante la lucha contra la inflación. A diferencia de lo ocurrido en el pasado, cuando, para reprimir la inflación, se comenzaba con una devaluación de la moneda que caía sobre las espaldas de los trabajadores y proporcionaba suficiente margen a las conducciones económicas liberales, para desenvolverse hasta que se produzca el nuevo descalabro económico y financiero, optamos por no devaluar la moneda. Por el contrario, se valorizó nuestro propio peso, cuya cotización pasó de 15 unidades por dólar a poco menos de 10, lo que se ha mantenido en este período.

Al propio tiempo, la política de precios y salarios instrumentada por el acuerdo entre los sectores productivos del país y el Estado, posibilitó el incremento de la capacidad de consumo y de ahorro del pueblo, como se evidencia en el aumento de los depósitos en la Caja Nacional de Ahorro y Seguros, que se elevaron, en el período de mayo a noviembre, en un 50%, y en el incremento de los volúmenes de consumo de todos los artículos que integran la canasta familiar.

INFLACION, CERO

En este período que llevamos de Gobierno, se obtuvo la reducción del déficit que habíamos heredado: era de 31 mil millones de pesos y bajó a 19 mil millones al terminar 1973. Este ahorro, que equivale a 12 mil millones de dólares, ha sido volcado al financiamiento de un ambicioso plan de viviendas, que se encuentra en plena ejecución.

Esta necesidad nos llevó -con los esfuerzos que ello significa-, a tener que estructurar dos presupuestos en el año. Uno para adecuar el de 1973, y el otro para el próximo año.

Ya he podido anunciar, orgulloso del esfuerzo solidario del Pueblo, que la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, que a fines de mayo de este año era de solamente el 33% -la más baja desde 1955-, se habrá elevado al 42% al término de este mes, lo que significa que el programa de redistribución de los ingresos se está cumpliendo a un ritmo mucho más acelerado que el inicialmente previsto.

Este proceso de redistribución se complementa con un crecimiento del nivel de ocupación, que se señala con estas dos cifras: en abril de este año el conjunto de desocupados representaba el 6,6%, y en este mes de diciembre ha bajado al 4,5%, la tasa más reducida en los últimos diez años.

El salario real, que expresa el verdadero poder de compra del trabajador, en diciembre superó en un 10% el nivel que tenía en el mes de mayo de este año.

La tasa inflacionaria, que crecía a un ritmo mínimo del 80% para el año 1973, fue drásticamente reducida; y en los seis meses transcurridos entre junio y noviembre, el incremento del índice de precios fue reducido prácticamente al valor cero.

Las reservas de divisas del Banco Central aumentaron sustancialmente, pasando de los 529 millones de dólares existentes al 31 de diciembre del año pasado, a los 1.400 millones de dólares que tenemos en este momento. Al propio tiempo, no se incrementó, como ocurriría en años anteriores, el endeudamiento externo, y la Nación ha cumplido estrictamente sus compromisos con el exterior.

Las asignaciones familiares fueron incrementadas en un 40%, y las jubilaciones en más de un 50% con respecto a mayo, articulándose concretamente de esta manera la política de redistribución de ingresos, que es uno de los objetivos fundamentales de este Gobierno.

COMERCIAR CON TODOS

Se ha roto las fronteras de la discriminación política, negociando con todos los países del mundo y no exclusivamente con una pequeña cantidad de naciones, como se hacia siguiendo una tradición casi colonial y carente de espíritu innovador en las relaciones comerciales, olvidando que el progreso de muchos Pueblos en el pasado se debió a la vivacidad de sus mercadeos.

Mientras la acción de Gobierno hacia posibles estas realizaciones, se enviaron numerosos proyectos de ley al Congreso que, convertidos en cuerpos normativos con el constructivo aporte de los legisladores, posibilitaron los instrumentos para la posterior elaboración del plan.

ACUERDOS EN TODOS LOS ÓRDENES

Paralelamente a estas normas legales que establecieron el entorno jurídico en que se desenvolvería la acción gubernamental, se formularon acuerdos con diversos sectores de la Nación, como parte de la política de concertación que habíamos impuesto ya, desde el llano, al convocar el año pasado en el país a todas las fuerzas políticas y organizaciones sociales, para instrumentar, con el aporte de todos, el documento conocido como las Coincidencias Programáticas de Organizaciones Sociales y Partidos Políticos.

Este documento fue la piedra fundamental del proceso de unidad nacional que, hoy, desde el gobierno, seguimos respetando y cumpliendo, porque la solución argentina de los problemas argentinos está signada por la política del entendimiento y del diálogo, dejando superadas para siempre las estériles discusiones que sólo conducen a la frustración colectiva.

Es así que, dentro de esta política de entendimiento, se celebraron acuerdos con el agro, a los que adhirieron casi todas las organizaciones representativas del sector, en los cuales se regula la participación del campo en el próximo decenio, y que extenderán su vigencia, por ley, hasta 1985 con las empresas del Estado, para asegurar el cumplimiento de las obligaciones de seguridad social, y con las provincias, para determinar los aportes del Estado nacional a fin de conjugar el tremendo déficit presupuestario que se nos legara y promover al propio tiempo las transformaciones financieras en cada provincia, para propender al paulatino saneamiento de sus finanzas.

CONDICIONES DE DESPEGUE

Los instrumentos que emergían de la legislación sancionada o de las políticas concertadas, sirvieron para crear las condiciones de despegue en el que el país ya fue lanzado; y para establecer las bases previas indispensables para la elaboración del plan.

Estas medidas y sus efectos fueron permanentemente analizados y evaluados en este período, para el apuntalamiento, de la política económica que posibilitara la elaboración de un plan armónico y coherente, que hoy pongo en conocimiento de todo el país.

El 12 de octubre, cuando dispusimos elaborar este programa de Gobierno para los próximos cuatro años, nos encontramos ante el hecho inédito en la historia de nuestro país y, posiblemente, de América Latina, que los objetivos del plan ya estaban claramente establecidos y contaban con el respaldo masivo del Pueblo que, el 11 de marzo y el 23 de setiembre, había manifestado expresamente, a través del voto, su voluntad de que esos objetivos fueran los de la Nación y se cumplieran integralmente.

Así, el Plan Trienal está constituido por el conjunto de objetivos, metas, lineamientos, orientaciones y grandes proyectos que identifican las realizaciones concretas del programa de Reconstrucción y Liberación Nacional en el período, 1974 /77.

LAS GRANDES LINEAS DEL PLAN

En su esencia el Plan responde a una política que se propone:

La plena vigencia de la justicia social, que asegure una distribución equitativa de los esfuerzos y frutos del desarrollo.

Una fuerte expansión de la actividad económica caracterizada por una creciente producción de bienes y servicios, con prioridad esencial para la infraestructura energética y las producciones básica.

Una alta calidad de vida, de modo tal que absolutamente todos tengan cubiertas sus necesidades vitales y culturales básicas, como un elevado nivel de bienestar real y donde los patrones de consumo respondan a nuestra propia realidad y a las aspiraciones de nuestro pueblo.

La unidad nacional, tanto con respecto a la integración física, económica, social y cultural de las diversas regiones del país, como desde el punto de vista de la plena participación de todos los sectores en el esfuerzo para alcanzar los altos objetivos de la Reconstrucción y la Liberación.

La democracia real de la sociedad argentina, a través de la reconstrucción del Estado, del gobierno de las mayorías y de una genuina participación popular.

La recuperación de la independencia económica, tanto en lo que se refiere al papel de la inversión y el financiamiento externo en el desarrollo nacional, como a las normas que han de regir nuestras relaciones comerciales con el resto del mundo.

La integración latinoamericana para la unidad continental, que quiebre las condiciones de dependencia que afectan a nuestros pueblos.

PRODUCCION Y REDISTRIBUCION DE INGRESOS

A pesar que todos los habitantes tendrán oportunidad de conocer las metas y objetivos del plan, quiero anticipar algunas de sus magnitudes globales, en lo que concierne al crecimiento de la producción y a la más justa redistribución de los ingresos, que se alcanzarán al cabo del período establecido:

La ocupación estará asegurada con la creación de un millón de nuevos empleos, que absorberán no sólo la desocupación existente, sino la nueva oferta de mano de obra que se produzca durante la vigencia del Plan.

El producto bruto llegará, en 1977, a una cifra de 1.800 dólares por persona, superior al de algunos países europeos, representando un considerable incremento sobre los valores que hubiéramos alcanzado de acuerdo a las tendencias actuales.

El consumo del sector que agrupa a los trabajadores, crecerá en un 34%.

La participación de los trabajadores en el ingreso nacional, alcanzará casi el 48% en 1977.

Las inversiones sociales, o sea las dedicadas a educación, salud y vivienda, serán en 1977 cuatro veces mayores que en 1973.

Se duplicarán las exportaciones, para pasar de 3.000 millones de dólares en 1973, a 5.800 millones en 1977.

La energía producida en 1977, será superior en un 57 % a la generada en 1973.

NECESIDAD DE UNA MISTICA NACIONAL

En el Plan hoy anunciamos, hemos establecido ambiciosas metas a alcanzar dentro de un contexto orgánico ajustado a claros y fundamentales objetivos políticos de la Nación. Si en los últimos dieciocho años se llegaron a elaborar diversos planes de desarrollo que nunca llegaron a cumplirse, ello se produjo porque, a todos, les faltó el contenido y la determinación nacional que hacen posible los programas de gobierno y aseguran la participación de todos los sectores en su ejecución.

Estos objetivos de la Nación no pueden ser solo la expresión racional de una élite dirigente, sino que, para obtener el consenso que proviene de la adhesión popular y generar una mística nacional en torno de su cumplimiento, deben ser el resultado de las coincidencias de los sectores populares, económicos y sociales. Corresponde a la conducción aprehender y forjar en un cuerpo de doctrina estas coincidencias, disponer su reordenamiento y establecer prioridades en su formulación.

Debemos insistir aquí que, cuando se estructuran planes, que no reposan sobre pautas que hacen a la esencia de la Nación, esos planes sólo representan ejercicios intelectuales, que podrán ser conceptualmente coherentes en la fría soledad del gabinete del investigador, pero carecerán de las condiciones objetivas que emergen de la naturaleza viva del cuerpo social.

UNA NUEVA CONSTITUCION

Esa apreciación acerca de la realidad de nuestra sociedad y de sus aspiraciones proyectadas al siglo XXI, tendrá que plasmarse en una nueva Carta Magna, a través de la reforma constitucional.

Esta reforma deberá receptar en normas jurídicas el sentimiento de resolución pacífica que anida en todos nosotros, dentro de nuestra tradición y de nuestras costumbres.

Ese fue el espíritu humanista con que se encaró la reforma constitucional de 1949, cuyos principios, asentados en la esencia misma de la realidad cultural, política, social y económica de la Nación, deberán revisarse; pues como la Constitución debe perdurar en el tiempo, deberemos intuir el sentido de la evolución del mundo en que nos tocará vivir en el año 2000.

Entre 1946 y 1955, el Gobierno Justicialista completó su primer ciclo de conquistas revolucionarias, porque supo, interpretar los anhelos reivindicatorios de las masas populares y los intereses de la Nación.

Durante aquella etapa, los planes quinquenales constituyeron herramientas fundamentales para la conducción de la acción gubernamental. Aspiramos a que este Plan concite aún una mayor adhesión y, por ser el fiel reflejo de las coincidencias de todos los argentinos, sin distinciones políticas o sociales, pretendemos que en torno de su cumplimiento se vertebre la Nación, afianzando así, no sólo el bienestar común -esto es, la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales del hombre y el mejoramiento del medio ambiente en que se desarrollan las actividades humanas-, sino también la independencia económica. Queremos que se afiance la unión nacional, como paso necesario para avanzar decididamente en el camino de la unidad continental.

PREVER LOS OBSTACULOS

En la elaboración del Plan, no sólo se han contemplado las políticas e instrumentos complementarios para la acción a desarrollar, sino que se han previsto los grandes proyectos y programas, los lincamientos regionales y sectoriales y los proyectos prioritarios.

Se han analizado también las posibles restricciones y brechas que, en otras ocasiones, han operado como freno de nuestro crecimiento.

Por ello, se ha contemplado la promoción de una tecnología nacional, para conseguir la ruptura de la dependencia tecnológica.

Se ha aprobado el programa energético, pues sin energía suficiente no podrá producirse la amplia expansión industrial y la tecnificación del agro que pretendemos.

Se ha analizado el incremento de la inversión interna y el financiamiento externo requeridos. Se han establecido metas de exportaciones que contribuirán a mejorar sensiblemente nuestra balanza de pagos, para evitar que la escasez de divisas resulte un obstáculo para obtener el incremente de la producción, y se han dictado claras reglas de juego para los capitales extranjeros, resguardando el poder de decisión para los argentinos en los resortes claves de la economía nacional.

UN NUEVO MODELO

En la preparación de este Plan de Gobierno han trabajado muchos funcionarios del Estado y un equipo de argentinos, técnicos de desarrollo y planificación, algunos de los cuales estaban radicados en el exterior y regresaron para prestar su colaboración y brindar su experiencia. A todos ellos, por la magnitud de la obra que han cumplido en el escaso tiempo que dispusieron para hacerlo, el Gobierno Nacional les expresa su especial agradecimiento.

Estamos conformando un nuevo modelo de vida argentina, con patrones de consumo que respondan a nuestras necesidades y formación cultural, y que asegure una alta calidad de vida para cada uno de los habitantes de esta Patria, a fin que todos tengan posibilidad de satisfacer sus necesidades vitales, en el marco de una democracia real donde quede definitivamente establecido, sin posibilidades de reversión, que el poder político y las decisiones económicas se encuentran en manos -y las ejercen- de las grandes mayorías nacionales.

De ese nuevo modelo de Argentina, el pueblo vuelve a ser, y seguirá siéndolo, el único protagonista.

De nada serviría construir un país materialmente poderoso, si los habitantes no fueran dueños de su destino y si no poseyeran la facultad de decidir el rumbo a tomar y de establecer la meta a donde quieren llegar.

Por eso, no tiene sentido la reconstrucción sin la liberación y ésta no es posible si subsisten grupos dentro de nuestra sociedad que no reciben los beneficios de la riqueza y no tengan acceso a la cultura, el bienestar y el desarrollo tecnológico.

LA UTOPIA DE LA AUTOSUFICIENCIA

No debemos confundirnos y creer, por eso, que aspiramos a construir una Nación aislada del contexto del mundo. Ya no pueden existir países ricos ni pueblos libres en continentes sojuzgados y en un mundo donde unos pocos ejercen dominio sobre los demás. Integramos, y nos sentimos parte de América, así como América también se integra y es parte del mundo entero. En este siglo ha muerto el viejo concepto individualista, que fue la razón de ser de la existencia de las naciones en cadi todo el devenir histórico.

Los pueblos que crean que pueden bastarse por sí mismos, porque circunstancialmente disponen de un gran poder económico o de una enorme fuerza militar, están comprobando que ni el uno la otra son suficientes para asegurarles la supervivencia, como si estuvieran enquistados en una isla de felicidad.

Estas últimas semanas vienen demostrando cómo unos pocos países, dueños de recursos naturales esenciales para los modelos económicos de la llamada civilización occidental, pueden destruir rápidamente sistemas de vida y hasta estructuras culturales como las que caracterizan y conforman a los más antiguos y desarrollados continentes.

HUMILDAD Y FRATERNIDAD

Nuestra oportunidad como país es entender esta realidad, y acomodarnos a ella. Es posible que los hombres de todas las naciones debamos volver a practicar la humildad que distinguió a los primeros cristianos, y de esa manera reencontremos el camino del entendimiento; porque, al fin de cuentas, todos somos seres humanos y, como tales, hermanos.

Para ello debemos comenzar a respetarnos entre nosotros, cediendo algo todos aquellos que tienen en exceso, para que nadie se sienta privado de lo que necesita para vivir con la dignidad y el orgullo que significa ser humano.

Si sabemos proceder de esta manera, seremos los ricos de este mundo, porque, a los bienes materiales con que la Providencia ha dotado con largueza a nuestra Argentina, agregaremos equilibrio social y la equidad económica, que se expresan con la justicia para todos los que viven de su trabajo; y en poner el capital al servicio de una economía de bienestar.

CONSTRUIR, NO DESTRUIR

Estos grandes objetivos, que señalan claramente nuestra responsabilidad histórica como conductores de este profundo proceso de transformación en paz y en orden, sabemos que encuentran resistencias en algunos sectores, reducidos por cierto, que reclaman los cambios violentos, que se producen drásticamente y en forma casi instantánea.

También aquí tuvimos que optar, y lo hicimos con la prudencia que dan los años -que a veces suele confundirse con la sabiduría-, procediendo con la velocidad y con el tiempo que creíamos más convenientes para el momento que atraviesa nuestra patria, ya, que la historia nos ha enseñado que París no se construyó en un día, y que en cambio, Pompeya fue destruida en sólo unos minutos.

Nuestra misión y responsabilidad, cuando por decisión del pueblo volvimos al poder, fue la de construir y no la de destruir.

JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 17 de diciembre de 2019

Se cumplen 53 años de esta carta notable de Perón a Pedro Michelini




Carta al Dr. Pedro E. Michelini 17 de diciembre de 1966

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 17 de diciembre de 1966.

Al Dr. Pedro E. Michelini

Mi querido amigo:

Después de la experiencia acumulada en estos once años, creo que no habrá dificultades para ponerse de acuerdo en propósitos y fines que resulten comunes a toda la civilidad argentina. Las diferencias entre radicales y peronistas no están en las ideas sino en los hombres. Errores iniciales en los que todos hemos tenido la culpa, nos han ido distanciando injustificadamente; pero reconocer los errores es de sabios, sobre todo si somos capaces de confesarlos y corregirlos. Estamos a tiempo, y no perdonaría si, por cabeza dura, dejáramos pasar esta oportunidad, que la propia Providencia pone al alcance de nuestra mano. En esto no me refiero sólo al Radicalismo del Pueblo, sino a todos los partidos políticos argentinos que puedan congeniar con la idea de salvar al país de la encrucijada en que la hemos metido, precisamente, por incomprensión y falta de realidad en los procedimientos.

Como quiera que sea, es tarde para lamentarse ahora; lo propio es reaccionar y buscar soluciones. El error del Radicalismo del Pueblo, como lo fue también de Frondizi, es haber pedido ayuda cuando estaban ya perdidos. Yo esperaba que, frente a la amenaza del poder militar, cuando se hicieron cargo del gobierno, tanto Frondizi como Illía, se pondrían de acuerdo con nosotros; pero parece que, al "tomar la manija", la gente se siente más fuerte de lo que es y termina despreciando su propia seguridad.

Me han dicho que el ala de los viejos también tenían intenciones de visitarnos en Madrid. Yo no rechazo ninguna oportunidad, y si vienen, los recibiré a todos, porque ya estoy sobre el bien y el mal y no tengo otra inquietud que servir a la nueva generación argentina, cuya responsabilidad de futuro es decisiva, desde que se han de cocinar en su propia salsa. De ellos es el porvenir, y, por lo tanto, la responsabilidad y las consecuencias. Me interesa mucho la juventud, sea del pensamiento que sea, porque son realistas e idealistas, lo que representa una garantía de honestidad y, en nuestro país, el ingrediente indispensable de estos días perversos es, precisamente, la hones­tidad.

De acuerdo con los términos de su carta, estoy esperando la llegada de Facundo Suárez. Si todavía no ha salido de viaje a Madrid, déle mi número de teléfono (2.361.162), para que me llame en cuanto llegue, que yo prepararé una entrevista absolutamente secreta y de la que nadie tendrá ni siquiera noticias, si eso conviene a sus planes; de la misma manera que si resuelve otra cosa. Conmigo no deben tener desconfianzas, porque ya estoy viejo para ocuparme de trampitas cuando se trata de obrar de buena fe. El último patrimonio de un caballero es su honestidad, y yo no la he perdido nunca.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

jueves, 3 de octubre de 2019

Hace 75 años Perón hablaba en la inauguración de la División Trabajo y Asistencia de la Mujer.




DISCURSO PRONUNCIADO AL INAUGURAR LA DIVISIÓN DE TRABAJO Y ASISTENCIA DE LA MUJER
 Juan Domingo Perón 
[3 de Octubre de 1944]


Dentro de nuestra inmensa tarea de poner orden en el complicado mecanismo social argentino, toca hoy el turno al trabajo de la mujer, un tanto olvidado y descuidado a pesar de su extraordinaria importancia presente. Más de novecientas mil mujeres de nuestro país intervienen en la producción, desempeñándose en los más variados oficios y profesiones.
Dignificar moral y materialmente a la mujer, equivale a vigorizar la familia. Vigorizar la familia es fortalecer la Nación, puesto que ella es su propia cédula.
Para imponer el verdadero orden social ha de comenzarse por esa cédula constitutiva, base cristiana y racional de toda agrupación humana. Hablamos de una organización superior que imponga un orden que no sea una presión ejercida desde fuera de la sociedad, sino un perfecto equilibrio que se suscite en su interior.
Para suscitar ese equilibrio interno, no basta un frío cuerpo de legislación mecánica, sino que es menester la seguridad del ejercicio de una justicia humana y segura, de que han carecido muchos legisladores y gobernantes. Por eso es que, sin cierta afición nativa a la justicia, nadie podrá ser un buen político.
La División del Trabajo y Asistencia de la Mujer, cuya creación celebramos hoy, es una necesidad social y la conciencia del deber de resolverlo, ha movido a esta Secretaría a concretar tal obra.
Aquí hallarán eco las sanas inquietudes y apoyo las legítimas aspiraciones de la mujer argentina de hoy, que con su colaboración honorable y destacada en las labores intelectuales o científicas, en la docencia, en el comercio y en la industria, sabe sacar energías de su propia debilidad, para cooperar con el hombre en la elaboración de la grandeza d la Patria.
La sociedad moderna no restringe el trabajo de las mujeres, pero está en la obligación de asegurarles una eficaz protección, una mejor retribución de su esfuerzo, una asistencia, un apoyo y una ayuda oportuna y constante.
A esa alta finalidad ha de dedicarse por entero el nuevo organismo que hoy indica su labor.
La Secretaría de Trabajo y Previsión ha querido poner al frente de esta nueva División a una distinguida mujer, la doctora Lucila De Gregorio Lavié y la señorita profesora e inspectora del Consejo Nacional de Educación, María Tizón, quienes con talento, virtud y entusiasmo, representan la máxima garantía a que puede expirar el Estado.
Dentro de nuestro sistema institucional, la asistencia y la tutela jurídica que el Estado debe prestar a la mujer, se manifestará principalmente en una legislación apropiada y humana.
La forma de salvaguardar sus justos derechos y de satisfacer sus verdaderas necesidades, está en ampliar y perfeccionar la legislación que la protege y ampara. Las particularidades propias del trabajo femenino deben determinar en el país la existencia de una legislación especial; pero en nuestro caso adolece del defecto de que la integran leyes que son a menudo confusas y que no abarcan la totalidad del problema. Requieren una articulación nacional y una recopilación en cuerpo único, que constituyan el estatuto de la mujer que trabaja. En la preparación del mismo, la División del Trabajo y Asistencia de la Mujer, en manos auspiciosas, ha de ase¬gurar los elementos para llegar a una base sólida y segura.
Es menester persuadirse de que para que las leyes del trabajo de ¬la mujer, dejen de ser frías enunciaciones teóricas, deben ser objeto de una eficiente aplicación, que no puede quedar librada a la vo¬luntad de quienes están obligados a cumplirlas, sino que deben estar sometidas a un severo contralor. Todo ello debe ser debida¬mente contemplado en la regulación jurídica de las normas que rigen las actividades femeninas del trabajo.
Siendo así, tarea de coordinar, de ampliación y de perfeccionamiento de la legislación vigente, el proyecto de Estatuto del Trabajo Femenino, será el instrumento legal para la defensa y dignificación moral y material de la mujer que trabaja.
Poco será todo cuanto se haga para evitar la explotación del trabajo de las mujeres, pues ellas contribuyen a ampliar con su esfuerzo meritorio el campo de la producción, aseguran la vida honesta y digna de sus hogares y contribuyen de manera efectiva al engrandecimiento del país.
EI salario inferior de la mujer puede convertirse en factor de explotación y competencia desleal para el hombre, perturbar la economía y generar una baja en los salarios generales.
El establecimiento del principio de igual salario por igual trabajo es por ello fundamental para la existencia de una verdadera justicia social y un normal desenvolvimiento del trabajo.
Si la organización moderna de la sociedad exige a las mujeres el doble esfuerzo en funciones dentro y fuera del hogar la retribución adecuada a su labor pasa a ser un imperativo elemental de esa justicia. Aparte de que los salarios femeninos por debajo del nivel de vida y del salario vital individual, traen consecuencias graves de índole física y moral, que el Estado está en la obligación de evitar.
Si he de confesar la verdad, os diré que de todas las tareas emprendidas aquí, ninguna es para mi tan grata como ésta. No solo porque se trate de la mujer, que respeto y venero como la mejor creación del Supremo Hacedor, sino también porque reconozco lo que la mujer representa en la historia de la Patria y en su grandeza presente, que hace que la Argentina no tenga que recurrir a la legendaria Esparta para encontrar ejemplos de la grandeza heroica de sus mujeres.
Pertenezco a un grupo de hombres que ha hecho de los valores morales el escudo contra todas las debilidades humanas y el baluarte de los magnánimos contra la vacuidad de los pusilánimes.
Pensamos que el hombre tiene una misión creadora, vivir y ser, es producir grandes obras; no existir, conservarse, andar entre las cosas que ya están hechas por otros.
Nuestras mujeres empiezan a sentir nuestras inquietudes porque comienzan a comprenderlas y porque en último análisis, ellas son tan sensibles como nosotros.
Dichosos los pueblos donde sus mujeres se interesan en los problemas de los hombres, desgraciados los países donde las mujeres desertan de la austeridad de sus hogares para refugiarse en la esterilidad de frívolas distracciones intrascendentes y secundarias.
JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 9 de julio de 2019

A trece años de esta contundente editorial de Jorge Rulli





Le llaman conducir... A construir los enemigos.


El tema de mi última editorial no es un tema agronómico como alguno podría suponer, tampoco refiere tan solo a un debate propio de los modelos de desarrollo. No se trata de ocultar el rol de la llamada oligarquía vacuna, sino de reflexionar sobre el poder que ahora detentaría. Nadie niega que se halle esa oligarquía sobre el escenario político, de lo que se trata es de ver en que lugar de ese escenario está ubicada, si como dicen muchos kirchneristas e halla en el centro o acaso se ha corrido y el rol principal de la obra le corresponde a una oligarquía gerenciadora y empresarial ligada a las grandes corporaciones internacionales. No es un debate menor el que llevamos. No sólo porque podríamos estar peleando contra fantasmas sino porque el poder que suponemos reside en la nueva oligarquía de los Agronegocios, es infinitamente mayor al de la oligarquía vacuna...

En realidad de lo que se trata, es de esclarecer y debatir sobre los modos de ejercitar la política, o como habría dicho Perón: acerca de los estilos de la conducción. Se trata también, de poner al descubierto maneras de actuar que mas allá de que se referencien en el peronismo, mezclan modelos de pensamiento de los años setenta con otros de los noventa. ¿A que me refiero? Me refiero concretamente a lo que se denomina "la construcción del enemigo", y cuando hablo del pensamiento de os años setenta me refiero a como se puede consciente o inconscientemente, practicar un modo rígido de pensamiento político que tienda a clasificar en blancos y en negros, a la vez que indiferenciar matices, que se nutra en la confrontación y que se deje aún influir por los mitos y estereotipos propios de la guerra fría. Si superponemos ese pensamiento a los marcos neoliberales de los años noventa, a su respeto por las leyes del libre mercado y su descreimiento en el rol del Estado, podemos llegar a comprender muchos de los caminos erráticos de los últimos tiempos: los discursos convocantes en simultáneo con las agendas medrosas, los gestos cargados de reminiscencias revolucionarias y elencos funcionariales entremezclados de antiguos cavallistas, menemistas y duhaldistas, justificados siempre por el viejo aserto de que lo nuevo se abre paso necesariamente, entre las antiguas formas de la política... extrañas formas de interpretación d la dialéctica en esta orilla del mundo, y que no sólo posibilita ampliamente justificar todo tipo de transformismos y travestismos, sino que pareciera condenar a la exclusión definitiva de la política a todos aquellos que no transamos que no nos mudamos de camiseta, que expresamos siempre lo que pensamos, y que no nos subimos a los trenes victoriosos ni apostamos nunca por el candidato que se supone con mas chances.


La construcción del enemigo comprende algunas reglas elementales, entre ellas y fundamentalmente, la de que el enemigo que se elige debe parecerlo, que debe ser un enemigo posible y que de ninguna manera puede poner en riesgo nuestro propio proyecto. De esa manera, es tarea de muchos de nuestros dirigentes alimentar a su "enemigo" o a sus "enemigos" posibles durante mucho tiempo, previamente a ese momento áureo en que deberían apelar a la falsa confrontación que planifican. Así se explican tantos dineros invertidos en el señor Blumberg, los salvavidas arrojados al señor Hadad y a su radio reaccionaria, los profesores de las escuelas militares que siguen formando cuadros en ls antiguos cultos a la lucha antisubversiva... si no existieran esos oficiales que nos dan la espalda en los actos protocolares o que nos irritan cuando asisten a actos funerarios por sus muertos malditos, tal vez estaríamos obligados a plantearnos seriamente si acaso resulta necesario mantener un ejército en la Argentina o tal vez, tener que reconocer que la única hipótesis de conflicto válida que tenemos los argentinos es la que surge de la ocupación de parte de nuestro territorio nacional por la Gran Bretaña y en ese caso estaríamos tal vez obligados a modificar las viejas estrategias y los dispositivos navales obsoletos de nuestra marina de guerra, todavía preparada para acompañar a sus portaviones en la custodia del Atlántico Sur y preservarlo de los submarinos soviéticos. ¿Qué portaviones? Hace años que ya no los tenemos... ¿Y que submarinos soviéticos? Seguramente muchos de nuestros oyentes ni sabrán de que estamos hablando. Sin embargo, estoy refiriéndome nada menos que a los planes estratégicos de nuestra flota de mar... ¿Alguno cree que puede ser casual que de pronto aparezca un francotirador en plena avenida Cabildo? No en Crovara, no; no en Témperley o en Bernal, no, aparece allí, en el centro mismo de la escena, bajo los focos mismos de la televisión que con títulos catástrofe nos anuncia: Pánico en Buenos Aires... se viola a una muchacha en la Estación Callao del Subterráneo en pleno día... es interesante darse un paseo por allí e imaginar la osadía que debieron haber desplegado los violadores... y el robo misérrimo en un colectivo que terminó con la amputación de los dedos del pobre colectivero... le cortaron los dedos porque así nomás... ¿porque así nomás?

¡Los partidarios de la guerra contra la subversión hacen una misa y reúnen a mil de sus partidarios! Cuando poco tiempo atrás las campañas de Derechos Humanos arreciaban, esto habría sido absolutamente impensable. ¿Qué está ocurriendo que la bestia se despierta, que pareciera encontrar clima para salir a la calle, para llenarnos las pantallas de las computadoras de sucios mensajes memoriosos de comisarios y mayores retirados? Creo que se están disputando las calles las significaciones del dominio social y en medio de un tránsito timorato y errático entre un modelo de seguridad nacional y otro de seguridad ciudadana, y que los que ejercieron poder en el anterior modelo no han sido desplazados y ofrecen cada vez mayores resistencias ... Pero tal vez, no deberíamos preguntarnos es por que razón a casi veinticinco años de democracia todavía se encuentran esos sectores en el ejercicio de semejantes y extendidos poderes... Me pregunto ¿Acaso se los alimenta? ¿Acaso la política al respecto es la provocación y no la resolución definitiva d los problemas? En realidad esos sectores horribles, configuran la imagen ideal de un enemigo que nos permiten reagruparnos no por nuestros propios méritos sino por los deméritos de ellos, pero que en verdad, no nos pone en verdadero riesgo...

¿Yo me pregunto ahora, si acaso estas prácticas que ni siquiera podría aseverar que son pensadas, en el sentido de ser proyectadas conscientemente como estrategias, serán tal vez parte inherente del accionar político?  Me pregunto si acaso Perón construía también sus falsos enemigos, me pregunto si lo hacía Ben Bella en Argelia o acaso Nasser en Egipto... Tiendo a creer que no, que ponían toda la energía en construir un gran frente nacional en procura de los objetivos de cambio y de transformación que se proponían. Tiendo a creer que construir la unidad del Pueblo todo, conciliando intereses diversos, recreando los vínculos de las personas en la Comunidad y resolviendo los problemas que se sucitan en toda sociedad compleja, no sólo les posibilitó a esos grands hombres estar muy por encima de sus contemporáneos y ser reconocidos como líderes, sino que les habría impedido toda maquinación mezquina de construir pequeños enemigos para seguir concitando en derredor las propias tropas y evitando los debates que ellos consideran peligrosos.

Creo profundamente como analista político y como comunicador social, que lo ciudadanos tenemos derecho a hacernos preguntas. Y creo que tenemos ese derecho, porque mientras tanto juegan al transformismo y convierten la política en una ruleta o a lo sumo en un ajedrez donde los objetivos suelen extraviarse en los meandros de las intrigas y de los enjuagues partidarios, nosotros como Pueblo pagamos un costo demasiado alto. Cada negociación turbia, cada transacción politiquera, cada construcción de falsos enemigos, cada acción diversionista, cada disputa por temas menores, cada desencuentro por razones mezquinas, postergan soluciones y reetrasan los cambios necesarios. Cada segundo que ellos especulan con sus agendas y sus cronogramas electorales nuevos niños son lanzados a la miseria, nuevas criaturas se prostituyen, innumerables víctimas mueren por causas evitables o son atropellados por un modelo que prioriza los automóviles por encima de las personas. Cada segundo que ellos, en la corporación política, ocupan en sus erráticos discursos o en sus componendas, se pierden suelos y bosques nativos que son irrecuperables, la droga avanza sobre nuevos adictos y la desnutrición condiciona para siempre el desarrollo neurológico e intelectual de las próximas generaciones de argentinos.

No lloremos mañana por lo que no fuimos capaces de hacer hoy...

Me parece que como ciudadanos, deberíamos ser mucho más duros de lo que somos, que deberíamos ser mil veces más exigentes de lo que somos, me parece que deberíamos levantar nuestras voces como nunca antes, para exigir ahora esa justicia que tanto necesitamos. Porque la necesitamos ahora, porque no hay razones para postergar un día mas la nacionalización del petróleo o la recuperación de nuestros ferrocarriles, porque no hay razones que justifiquen mantener el peaje de las autopistas o el que no podamos volver a las jubilaciones del Estado. No hay razones. No hay razones para continuar soportando la contaminación del Riachuelo o el genocidio de miles de localidades pequeñas y medianas que son envenenadas impiadosamente por los aerofumigadores. No hay derecho. No, no hay derecho a que tengamos que seguir esperando justicia. El momento internacional es absolutamente excepcional. Es un momento único. Absolutamente único. No lo perdamos, no perdamos esta gran oportunidad que nos regala la historia. No lloremos mañana por lo que no fuimos capaces de hacer hoy, sencillamente porque nos faltó el coraje de tomar decisiones necesarias.


Jorge Rulli. Programa Horizonte Sur. Radio Nacional. 9 de julio de 2006