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martes, 2 de enero de 2024

Hace 68 años Perón le escribía estas líneas a Jorge Antonio.

 



Carta a Jorge Antonio 2 de enero de 1956. 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Colón, 2 de enero de 1956.


Al Sr. Jorge Antonio Buenos A ires


Mi querido amigo:


Desde que nos separamos en la Residencia el día 19 de septiembre he pensado en el error que cometió al no salir conmigo ese día. He sufrido con Usted los vejámenes de esos miserables que en toda su vida no hicieron por el país lo que Usted hizo en un día.


En cuanto lo pongan en libertad salga de allí. Esa es gente sin conciencia y sin escrúpulos. No se quede, escuche esta vez. Si le es posible véngase por aquí que tenemos mucho que hablar sobre el futuro. Creo que ahora más que nunca es necesario accionar inteligentemente. Los hemos de doblegar y entonces será para siempre. Las empresas se pueden reconstruir, Usted no. Entre Usted y yo podemos levantar el mundo contra esta canalla. Tenga fe en el Pueblo, allí están los valores. Con ellos los aplastaremos. Es cuestión de tiempo; Usted es joven y yo creo que todavía les voy a dar mucho trabajo.


Yo hablé aquí con el Doctor Mayoral. El le hablará a Usted en cuanto llegue a Buenos Aires. Esté seguro que esto no va a durar mucho; se está accionando con energía y espero que dentro de poco se aumente esa decisión y esa energía. Con lo recibido yo duplicaré la acción; era precisamente lo que me faltaba.


Muchas gracias por su recuerdo. Recibí a su amigo de Montevideo que me trajo todo. Espero ahora emplear bien ese todo.


En cuanto salga hable enseguida con el amigo Raúl Lagomarsino (el de los sombreros) que le informará de todo.


Yo estaré en Panamá mientras sea conveniente y cuando convenga acercarme iré a Brasil o a Chile, lo que sea mejor. En caso de cambiar de opinión le haré saber oportunamente.


Mi contacto en Chile: María de la Cruz; en Brasil, el Doctor Gerardo Rocha; en Paraguay, Ricardo Gayol; en los demás países en caso necesario le indicaré. Hay contacto en todos. Cualquiera de ellos se conecta en el día conmigo.


Espero verlo pronto aquí o allí, donde sea posible. Ya llegará la hora. Cometí un gran error: creer que se podía hacer una revolución social incruenta. La próxima dejaré pálidos a los comunistas. La oligarquía debe desaparecer y desaparecerá a corto o a largo plazo. Recién hemos empezado. Después de esta depuración y purificación la cosa irá en serio y, entonces, que se ajusten los pantalones.


Un gran abrazo y que 1956 nos sea más propicio.


Firmado: Juan D. Perón.


miércoles, 5 de julio de 2023

Hace 53 años Perón le escribía al Coronel Julio Socrates Fernandez.

 



Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 5 de julio de 1970


Al Cnel. Julio Sócrates Fernández


Buenos Aires


Estimado Coronel:


Por mano y amabilidad del amigo Leopoldo Frenkel he recibido su carta del 30 de junio próximo pasado y a pesar deli premura del tiempo no he querido que regrese sin que lleve a contestación siquiera sea lacónica.


Comenzaré por adjuntarle la "DECLARACION DEL COMANDO SUPERIOR PERONISTA" que, en síntesis brevísima, contiene lo que pensamos con respecto a la situación comentada. No se nos escapa, como allí decimos, que la Patria vive días de grave amenaza sin que, por lo que deducimos, se llegue a entrever alguna esperanza. Tal como van las cosas, presuponemos nuevas maniobras destinadas a nuevos fracasos porque, cuando se viven circunstancias como las actuales, más que el Gobierno, cuentan los hombres que han de componerlo y, por lo que se ve, pocas ilusiones pueden hacerse los que anhelan soluciones salidoras para la Nación y para el Pueblo.


Tal como ha venido evolucionando la situación del país en los últimos quince años el dilema que se presenta es ya de una rigidez insoslayable: o se procede con grandeza y desprendimiento o se expone al país a muy graves consecuencias, pues no es un secreto para nadie el repudio generalizado hacia la dictadura militar, como también que grandes sectores de la comunidad preparan una violencia con qué responder a la de la represión gubernamental. Así suelen comenzar todas las guerras civiles.


Por otra parte, creo que en los últimos quince años se ha demostrado en forma sumamente elocuente que, en la Argentina, nadie podrá gobernar sin el concurso organizado del Pueblo y la dictadura militar ha perdido ya toda posibilidad de alcanzar tal concurso porque, ese mismo Pueblo, está decidido a ser dueño de su propio destino y anhela tomarlo en sus manos. Por eso, hay una sola solución: normalizar institucionalmente y con premura la situación general del país, sin intentos de trampas ni "triquiñuelas" infantiles como las que se ha pretendido utilizar hasta ahora para burlar la decisión popular.


El discurso presidencial en el acto de asunción del mando no se ha caracterizado precisamente por su claridad respecto al futuro. Ni siquiera se puede deducir de él una explicación aceptable que justifique el desplazamiento del anterior. En los aspectos fundamentales, en lo que hace a lo económico y político no puede inferirse más que el mantenimiento de la inspiración de Krieger Vasena con tímidas promesas desarrollistas y un confuso compromiso de salida constitucional. En la opinión popular, el nuevo "gobierno" no es más que títere en manos de los jefes militares con el agravante de su procedencia foránea.


Para nosotros, a pesar de la aparente coyuntura favorable, las viejas camarillas de los partidos tradicionales no se muestran excesivamente exigentes con la vuelta al camino electoral; desde ya que ésto no es índice de madurez, más bien lo explica la falta de adecuación de sus viejas postulaciones a las nuevas necesidades. Limitados por la estrechez de miras de sus doctrinas, desenmascarados por su complicidad durante tantos años con las dictaduras de turno, carecen de perspectiva y de la necesaria libertad de acción, lo que los condiciona a la iniciativa de la acción militar. Pobre el Gobierno si cae en la tentación de repetir por eso anteriores errores.


Sería demasiado largo extendernos en la exégesis de las numerosas circunstancias que configuran la aparente tentación de volver al insidioso camino del fracaso pero, nosotros no encontramos en todo este proceso, nada que nos haga pensar en lo contrario. Por eso preferimos esperar a los hechos y hasta tanto ellos comiencen a producirse, mantenernos en la misma situación y en la misma lucha. Es demasiado grande la responsabilidad que nos atribuimos como para no usar la mayor prudencia en los medios de defenderla.


No creo que haya nada más simple que las soluciones que se presentan, si se tiene la grandeza y la buena fe que se necesita para encararlas y realizarlas. Pero, como opinamos nosotros, todo ha de comenzar con la solución política ya que el problema fundamental del país es de este carácter. Lo económico y lo social dependen de él porque en este campo, como en el estratégico, los éxitos tácticos se anulan cuando se procede en una situación estratégica falsa.


O se procede dentro de la Constitución Nacional (buena o mala que tenemos) y se devuelve al Pueblo lo que es del Pueblo o se estará trabajando para llegar a la guerra civil, que suele ser el peor azote para una Nación. La responsabilidad de las Fuerzas Armadas es en esta ocasión demasiado grave como para que no se pongan a pensar en semejantes consecuencias. No son los pocos generales interesados en un intento los que deben decidir, sino todos los miembros de las Instituciones que cargarán con esa responsabilidad. Colocadas las Fuerzas Armadas en situación irreversible frente al Pueblo, uno de los dos ha de desaparecer y no creo que eso pueda lograrse con un Pueblo.


Creo haberle dado a grandes rasgos mi opinión con respecto a la situación que le interesa. He conversado largamente con el amigo antes citado y él podrá explicarle de viva voz, cuánto sería demasiado largo para hacerlo en esta carta. Dios quiera que la sabiduría y la prudencia necesarias iluminen a los que tengan que decidir.


Afectuosamente.


Firmado: Juan Perón.

martes, 17 de diciembre de 2019

Se cumplen 53 años de esta carta notable de Perón a Pedro Michelini




Carta al Dr. Pedro E. Michelini 17 de diciembre de 1966

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 17 de diciembre de 1966.

Al Dr. Pedro E. Michelini

Mi querido amigo:

Después de la experiencia acumulada en estos once años, creo que no habrá dificultades para ponerse de acuerdo en propósitos y fines que resulten comunes a toda la civilidad argentina. Las diferencias entre radicales y peronistas no están en las ideas sino en los hombres. Errores iniciales en los que todos hemos tenido la culpa, nos han ido distanciando injustificadamente; pero reconocer los errores es de sabios, sobre todo si somos capaces de confesarlos y corregirlos. Estamos a tiempo, y no perdonaría si, por cabeza dura, dejáramos pasar esta oportunidad, que la propia Providencia pone al alcance de nuestra mano. En esto no me refiero sólo al Radicalismo del Pueblo, sino a todos los partidos políticos argentinos que puedan congeniar con la idea de salvar al país de la encrucijada en que la hemos metido, precisamente, por incomprensión y falta de realidad en los procedimientos.

Como quiera que sea, es tarde para lamentarse ahora; lo propio es reaccionar y buscar soluciones. El error del Radicalismo del Pueblo, como lo fue también de Frondizi, es haber pedido ayuda cuando estaban ya perdidos. Yo esperaba que, frente a la amenaza del poder militar, cuando se hicieron cargo del gobierno, tanto Frondizi como Illía, se pondrían de acuerdo con nosotros; pero parece que, al "tomar la manija", la gente se siente más fuerte de lo que es y termina despreciando su propia seguridad.

Me han dicho que el ala de los viejos también tenían intenciones de visitarnos en Madrid. Yo no rechazo ninguna oportunidad, y si vienen, los recibiré a todos, porque ya estoy sobre el bien y el mal y no tengo otra inquietud que servir a la nueva generación argentina, cuya responsabilidad de futuro es decisiva, desde que se han de cocinar en su propia salsa. De ellos es el porvenir, y, por lo tanto, la responsabilidad y las consecuencias. Me interesa mucho la juventud, sea del pensamiento que sea, porque son realistas e idealistas, lo que representa una garantía de honestidad y, en nuestro país, el ingrediente indispensable de estos días perversos es, precisamente, la hones­tidad.

De acuerdo con los términos de su carta, estoy esperando la llegada de Facundo Suárez. Si todavía no ha salido de viaje a Madrid, déle mi número de teléfono (2.361.162), para que me llame en cuanto llegue, que yo prepararé una entrevista absolutamente secreta y de la que nadie tendrá ni siquiera noticias, si eso conviene a sus planes; de la misma manera que si resuelve otra cosa. Conmigo no deben tener desconfianzas, porque ya estoy viejo para ocuparme de trampitas cuando se trata de obrar de buena fe. El último patrimonio de un caballero es su honestidad, y yo no la he perdido nunca.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

jueves, 3 de enero de 2019

La maestría diplomática, de Perón, para contestarle al chileno Alessandrini, hace 70 años





Carta al Dr. Arturo Alessandrini 3 de enero de 1949.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Buenos Aires, 3 de enero de 1949.

Al Senador Dr. Arturo A lessandri P.

Santiago de Chile

Mi querido amigo:

Hoy me han sorprendido los diarios de Santiago con sus comentarios y más aún las declaraciones en ellos contenidas.

Le escribo aún bajo los efectos de esa penosa impresión, porque me interesa que Ud. mi gran amigo, conozca la verdad de su fuente, pues interpreto este hecho como un acto más de cuantos están interesados en deformar toda verdad, para sacar. provecho de una situación internacional tan inoportuna como peijudicial.

Hace casi dos meses —es decir, antes del incidente del fiscal—, un periodista boliviano de "La Razón", de la Paz, me entrevistó para comentar nuestras relaciones comerciales y el Tratado Boliviano-Argentino. Entre todos los tópicos tratados, salió el de la situación mediterránea de Bolivia. Referente a ese tópico le afirmé (como lo refirmo hoy) que podía contar con nuestra decidida colaboración, para lo que ofrecíamos el puerto de Rosario para el tránsito de la exportación e importación del altiplano por la vía La Paz-La Quiaca-Rosario; lo mismo que la línea Santa Cruz-Yacuiba-Formosa, para las que desde el oriente boliviano pudieran salir a puerto fluvial argentino en el Río Paraná.

Yo ofrecí lo que Argentina puede ofrecer como colaboración y buena voluntad. En ningún momento de la entrevista se habló de Chile y menos aún de una salida hacia el Pacífico, porque ello no interesaba a la entrevista ni me competía a mí comentar.

No conozco sino fragmentariamente la publicación de tal entrevista en "La Razón", de la Paz, pero por lo que conozco nada hay que pueda ni siquiera sospechar otra intención que la que antes anoto.

Es indudable que la prensa chilena y los funcionarios que han comentado el asunto han sido llevados por una suspicacia que no justifica, en manera alguna, un ataque insólito en que aparecería la Argentina y su Gobierno como inhabilitados para disponer de su territorio en una colaboración internacional a todas luces beneficiosa para la paz constructiva de los pueblos americanos.

Bolivia aislada debe ser una preocupación para todos nosotros. Los problemas no se resuelven cerrando los ojos. La Argentina ofrece lo que puede dar a través de su territorio, y no creo que con ello pueda acarrear perjuicio alguno a Chile.

Al contrario, es atenuar un viejo problema, porque abierto el tránsito y asegurados puertos francos en la cuenca del Plata, Bolivia tendrá menores necesidades de salir al Pacífico. En cambio, dificultada su salida hacia aquí, es indudable que sus necesidades repercutirán en otra parte. Ud. ve que lo que realmente fue una idea de sincera colaboración, puede ser desvirtuada y torcida hasta hacerla aparecer como contraria a su verdadera intención; basta para ello manejarla con otro designio que no es afortunadamente el que guía mis acciones.

He demostrado desde que estoy en el Gobierno, que no es mi intención la de mezclarme en los asuntos internos de los otros países y así cumpliré en el futuro aun cuando observe que algunos se creen con derecho de inmiscuirse en la política de mi país. Otro tanto podría decir en este caso, con referencia a los problemas internacionales de los otros Estados. Hemos de reconocer y respetar fielmente el derecho de las otras naciones de resolver sus problemas sin nuestra intervención aunque se nos negara el que tenemos de poder disponer de nuestro territorio para ofrecer soluciones que no perjudiquen a nadie.

Sabrá perdonarme, Don Arturo, estas quejas de buena fe y de leal y sincera amistad. Porque le conozco a Ud. y sé cuánto vale es que me interesa darle esta explicación; porque para nosotros Ud. no es sólo un estadista ilustre, sino también un maestro y yo soy de los hombres, que como los griegos antiguos, saben decir cuando es preciso: "Si eres sabio, enséñame; si eres prudente, gobiérnanos".

Aprovecho la oportunidad para desearle toda clase de venturas para el año que se inicia y rogarle quiera aceptar como testimonio de mi permanente admiración mi más afectuoso saludo.

Firmado: Juan Perón.